Históricamente, la aerotermia se ha asociado casi en exclusiva a la vivienda unifamiliar, donde la disponibilidad de salas técnicas o cuartos de instalaciones no supone una barrera. Sin embargo, la normativa europea de descarbonización y la madurez tecnológica del sector han forzado un cambio de paradigma: trasladar la eficiencia de la bomba de calor al parque inmobiliario vertical (bloques de pisos).
El desafío principal en una vivienda de 80 o 90 metros cuadrados no es la potencia térmica, sino la densidad de potencia por metro cúbico. El cambio de tecnología implica una modificación conceptual en la producción de agua caliente: pasamos de una caldera mural de gas que calienta de forma instantánea (ocupando un espacio mínimo) a un sistema termodinámico que requiere acumulación y gestión de inercia. El reto de ingeniería consiste en integrar un depósito de agua y un grupo hidráulico en el mismo hueco donde antes solo había un quemador, sin comprometer la habitabilidad de la cocina o el lavadero.
Tres arquitecturas para tres tipos de pisos
1. La opción bibloc: El estándar utilizado
Si esta es la opción reina en los bloques de viviendas, no es por capricho, sino por supervivencia en fachada. En la ciudad, el espacio exterior vale oro y las normativas municipales son extensas. Aquí es donde la Bibloc gana la partida: al separar el ciclo, nos permite dejar fuera solo el compresor y el ventilador en una carcasa compacta. Esto es vital, porque muchas veces es la única máquina que nos permiten colgar en una fachada protegida o encajar en un tendedero estrecho sin que sobresalga.
La contrapartida la pagamos dentro. Tienes que asumir que vas a perder un módulo de cocina de 60×60 cm para instalar la unidad interior (el famoso «frigorífico técnico»). Ahí dentro va todo: el intercambio de placas, las bombas y, lo más crítico, el acumulador de ACS de unos 200 litros. La realidad de la obra: Es la opción que más trabajo nos da a los instaladores. Tenemos que tirar líneas frigoríficas (tubería de cobre con gas) desde la calle hasta la cocina, lo que a menudo implica abrir falsos techos o hacer rozas largas. Es «sucio» de instalar, pero es el precio a pagar para tener la máquina exterior más discreta posible.

2. La arquitectura monobloc con R290
Esta es la arquitectura que más está empujando la industria, sobre todo por el auge del Propano (R290). A nivel de ingeniería nos encanta porque es intrínsecamente segura: todo el gas inflamable se queda en la máquina de fuera, herméticamente sellado. A tu casa solo entran dos tuberías de agua, lo que simplifica enormemente la legalización y nos quita el miedo a tener gases A3 dentro de la vivienda.
Pero cuidado, porque aquí la física impone su ley. Al llevarlo todo fuera (compresor + grupo hidráulico + hidrokit), la unidad exterior es un «bicho» considerablemente más grande y pesado. He visto muchos proyectos monobloc caerse porque, literalmente, la máquina no cabía en el balcón o se comía todo el espacio útil de la terraza. Sin embargo, si tienes sitio fuera, dentro ganas libertad. Al no tener gas en el interior, no estás obligado a poner la torre de suelo. Puedes ser creativo: montar un depósito de inercia horizontal en un falso techo o separar el ACS en un armario empotrado. Es la opción ideal para reformas donde el suelo de la cocina es intocable.

3. La solución mural: Ingeniería para «micropisos»
¿Qué hacemos cuando el piso tiene 60 m² y no puedes sacrificar ni un metro cuadrado de suelo para la torre, ni tienes una terraza enorme para una monobloc? Nos vamos a la pared.
Esta solución es la más parecida visualmente a lo que ya tienes. Colgamos una unidad interior mural (del tamaño de una caldera mixta) que gestiona solo la climatización y la electrónica. El reto hidráulico aquí es el agua caliente. Como la máquina no tiene depósito, tenemos que desacoplar la producción. Lo habitual es instalar un interacumulador horizontal oculto en el falso techo del baño o del pasillo. Es una instalación más compleja de ejecutar (hay que subir tuberías al techo, purgar bien el aire, asegurar los anclajes…), pero es la única forma técnica de meter una aerotermia completa en un apartamento pequeño sin que el usuario sienta que vive dentro de una sala de máquinas.
| Si tu piso tiene… | La mejor opción es… | Espacio interior necesario | Espacio exterior necesario |
| Terraza grande y poco sitio dentro | Monobloc | Casi nulo (solo un cuadro de control) | Alto (máquina voluminosa) |
| Balcón estrecho y hueco en cocina | Bibloc (All-in-One) | 60×60 cm (como una nevera) | Bajo (máquina compacta) |
| Sin terraza y cocina minúscula | Mural Compacta | Similar a una caldera de gas | Variable (requiere azotea o fachada) |
La unidad exterior: La teoría y la realidad de la obra
Elegir la máquina interior es «fácil», pero encontrarle sitio a la unidad exterior en un bloque de pisos es donde realmente nos jugamos el éxito de la instalación. Y no me refiero solo a que «quepa», sino a que funcione, sea legal y no se caiga.
Hay que cambiar el chip: esto no es un aire acondicionado de 2.000 frigorías. Estamos hablando de una máquina que mueve miles de metros cúbicos de aire por hora y que, en muchos casos, pesa más de 100 kg.
1. La fachada: Cuestión de kilos y anclajes
Es la opción clásica, pero ojo, porque las fachadas de ladrillo hueco de los edificios antiguos no están pensadas para soportar masas de 100 kg vibrando. Aquí no valen los soportes estándar de 15 euros; si vamos a fachada, la seguridad es innegociable y tenemos tres líneas rojas:
- Anclaje químico o pasante: Olvida los tacos normales. A menudo tenemos que atravesar la pared de lado a lado con varilla roscada para que la máquina no acabe en la acera.
- Silentblocks de alta densidad: La vibración en un muro de carga se transmite a todo el edificio. Si no amortiguamos bien, el vecino del salón de al lado te odiará.
- Estética (LPH): La Ley de Propiedad Horizontal manda. Si no quieres líos con la comunidad, muchas veces toca instalar deflectores o carcasas que disimulen el impacto visual.
2. Terrazas y el peligro del «efecto rebote»
Tener terraza parece la salvación, pero he visto muchas instalaciones fallar aquí por lo que técnicamente llamamos recirculación o cortocircuito de aire. La aerotermia necesita alimentarse de aire nuevo constantemente. Si la encajonas en una terraza cerrada con cortinas de cristal (tipo Lumon) o la pegas demasiado a la pared, la máquina acaba aspirando su propio aire frío expulsado. ¿El resultado? El equipo detecta una falsa temperatura exterior, se congela y el consumo eléctrico se dispara. Si la pones en terraza, dale metros por delante. Necesita respirar.
3. La cubierta: La mejor opción técnica (con un «pero»)
Subir la máquina a la azotea comunitaria es el sueño de cualquier ingeniero acústico: sacas el ruido de tu casa y liberas tu balcón (la ubicación de la unidad exterior debe cumplir estrictamente con el Código Técnico de la Edificación). El reto aquí es la hidráulica vertical. Las bombas modernas empujan bien, pero si vives en un 1º y la azotea está en un 8º, tenemos un problema de retorno de aceite al compresor. En estos casos, no basta con tirar tubo; hay que calcular la pérdida de carga y, a menudo, diseñar sifones o «trampas de aceite» en la tubería vertical para no gripar el compresor a largo plazo.
Además del espacio físico, el factor acústico es determinante para evitar problemas con la comunidad. Si te preocupa cómo puede afectar el sonido a tus vecinos, puedes consultar nuestra guía sobre cuánto ruido hace realmente la aerotermia y cómo minimizarlo
Ojo al agua: El desagüe de invierno
Y para terminar, el error clásico que nadie calcula son los condensados. En verano todo el mundo sabe que la máquina tira agua, pero en invierno tira mucha más. Cuando la aerotermia hace sus ciclos de desescarche (derrite el hielo que se forma en sus aletas), puede soltar litros de agua en minutos. Si la tienes colgada en fachada y no has canalizado ese desagüe a una bajante pluvial, le vas a tirar una cascada de agua sucia al vecino de abajo o a la calle. Y eso es denuncia segura.
El dilema del emisor: ¿Levantamos el suelo?
Cuando planteamos una reforma en un piso, siempre llegamos al mismo cruce de caminos: el suelo. Tienes la duda inmediata: «¿Es obligatorio poner suelo radiante para que la aerotermia funcione bien?».
La respuesta corta es no. La respuesta larga depende de cuánto polvo quieras aguantar y, sobre todo, de si necesitas frío en verano.
1. Conservar radiadores: La vía rápida (y la resurrección del aluminio)
Hace años, te habría dicho que quitaras los radiadores porque las bombas de calor viejas no daban la talla. Hoy, con las máquinas de gas R290 (Propano), la película ha cambiado. Estas máquinas impulsan agua a 70°C o 75°C sin despeinarse, exactamente igual que tu vieja caldera. Esto nos permite hacer una sustitución hidráulica directa: quitamos caldera, ponemos aerotermia y aprovechamos toda tu instalación de radiadores de aluminio o hierro fundido.
- La realidad de obra: Es una intervención de 48 horas. Cero escombros.
- El matiz de eficiencia: Aunque la máquina puede llegar a 75°C, mi consejo es que la hagamos trabajar a 55°C o 60°C para gastar menos luz. A veces, eso implica cambiar el radiador del salón por uno doble o añadir elementos al del dormitorio principal para compensar. Es un ajuste barato que se nota mucho en la factura.
- La limitación: Con radiadores no hay refrigeración. Si el agua está fría, el metal condensa y tendrás charcos en el suelo. Solo tendrás calor.
Mucha gente cree que la aerotermia solo funciona con suelo radiante, pero gracias a los nuevos refrigerantes es posible mantener tus antiguos emisores. Te explicamos todos los detalles en este artículo sobre instalar aerotermia con radiadores de aluminio.
2. Suelo radiante: Confort vs altura
Si vas a reformar el piso entero («vaciado» total), esta es la opción técnica superior. Pero en un piso habitado, el enemigo no es el precio, es la cota de altura. Un suelo radiante tradicional de mortero necesita subir el suelo entre 8 y 10 cm. En un chalet no importa, pero en un piso eso significa cortar todas las puertas, subir los premarcos, modificar los rodapiés y, a veces, chocar con la altura mínima del techo. La solución de «Suelo Seco»: Para evitar esto, instalamos sistemas de bajo perfil o fresados. Son placas que ocupan solo 2 o 3 cm y sobre las que se coloca directamente la tarima. Es más caro de material, pero te ahorra la obra civil de picar el forjado y te da ese confort invisible (y suelo refrescante en verano) sin perder altura.
3. Fancoils: La respuesta al cambio climático
Si vives en el centro de Madrid, Sevilla o zonas donde el verano es un infierno, los radiadores se quedan cortos (no enfrían) y el suelo refrescante es lento. Aquí entra la opción híbrida. Los fancoils son, básicamente, radiadores con un ventilador ultra-silencioso dentro y una batería de intercambio.
- La ventaja táctica: Tienen inercia cero. En invierno calientan la casa en 10 minutos (el suelo tarda horas) y en verano son un aire acondicionado potente que deshumidifica de verdad.
- El dolor de cabeza: Llevan desagüe. A diferencia de un radiador normal, el fancoil genera agua de condensación en verano. Instalarlo en una reforma implica no solo llevar tuberías de agua, sino buscar una pendiente para evacuar esos condensados. Es más «latoso» de instalar, pero es la única opción que te garantiza frío polar en agosto.
| Característica | Radiadores Aluminio (R290) | Suelo Radiante (Reforma) | Fancoils (Agua) |
| Obra en casa | Ninguna | Alta (Levantar suelo) | Media (Tubos y desagües) |
| Sensación térmica | Muy rápida | Muy confortable (lenta) | Inmediata |
| Modo Verano (Frío) | No (Riesgo condensación) | Sí (Suelo refrescante) | Sí (Aire acondicionado) |
| Inversión inicial | Económica | Elevada | Media-Alta |
Rentabilidad en vertical: ¿Cuándo recupero la inversión?
No nos engañemos, el precio de entrada asusta. Si comparamos presupuestos en frío, la caldera de gas gana por mucho: cambiar tu vieja caldera por una de condensación te cuesta unos 2.000 €, mientras que montar una aerotermia bibloc en condiciones se va fácilmente a los 8.000 € o 10.000 €. La diferencia es de 6.000 € o 7.000 €. Es mucho dinero.
Pero aquí está la trampa: la caldera es un gasto (quemas dinero para calentar), la aerotermia es una inversión bancaria. La pregunta no es cuánto cuesta, sino cuántos inviernos tardas en recuperar esos 6.000 € extra.
El ahorro en la factura
Si vives en un piso de 90 m² en Burgos, Vitoria o la sierra de Madrid, sabes lo que es el «susto de enero»: facturas de gas de 200 € o 300 € para mantener la casa caliente. Al final del año, se te han ido 1.200 € solo en calefacción. Con una aerotermia bien ajustada (COP 4), ese mismo confort te va a costar unos 400 € o 500 € de luz al año. Estamos hablando de ahorrar entre 600 € y 800 € limpios cada año.
Si echas cuentas, sin ayudas, la máquina se paga sola en unos 7 u 8 años. Pero si conseguimos cazar las subvenciones (como los Fondos Next Gen, que siguen activos en muchas comunidades), el retorno baja a 3 o 4 años. A partir de ahí, todo es beneficio neto para tu bolsillo.
Fin del término fijo del gas
Más allá de la calefacción, hay un ahorro hormiga que la gente olvida y que suma mucho a final de año. Al pasarte a la aerotermia, llamas a la compañía del gas y das de baja el contador definitivamente. Fíjate en todo lo que desaparece de tu cuenta bancaria de golpe:
- El término fijo del gas: Esos 10-15 € al mes que pagas aunque no estés en casa.
- El alquiler del contador: Un goteo constante de dinero.
- El mantenimiento obligatorio: Te ahorras la revisión de la caldera anual y la inspección de los 5 años.
- El riesgo: Esto no tiene precio, pero duermes más tranquilo sabiendo que no hay combustión, ni monóxido, ni rejillas de ventilación que te meten frío en la cocina.
Revalorización de tu piso
Y un último apunte inmobiliario: un piso con Certificado Energético A (aerotermia) se vende y se alquila más caro que uno con letra E (caldera). Si el día de mañana decides mudarte, esa máquina que te costó dinero instalar será el argumento principal para subir el precio de venta.
Viabilidad real en el centro urbano
Olvídate del mito de que la aerotermia es solo para chalets con jardín. La tecnología ha madurado, las máquinas se han desarrollado para poder trabajar igual siendo más pequeñas y, sobre todo, el gas R290 nos ha permitido salvar los radiadores viejos. Eso ha cambiado las reglas del juego para la rehabilitación de pisos.
Ahora bien, ¿es viable en el tuyo? La respuesta no depende de los metros cuadrados, sino de la ventilación y la normativa. Si tienes un tendedero, una terraza o un balcón donde la unidad exterior pueda «respirar» y cumplir los decibelios, lo tienes medio ganado. Dentro de casa, el puzle se resuelve fácil: o tienes ese hueco de 60×60 en la cocina (donde iría la torre) o tienes altura en el falso techo para esconder un depósito horizontal.
El único escenario donde te diré un NO rotundo es si vives en un bajo interior sin ventilación cruzada o en un edificio histórico protegido donde tocar la fachada es delito (a menos que la comunidad te deje subir a cubierta, que es otra batalla administrativa).
Mi consejo
No te obsesiones con la marca de la máquina ni busques la oferta más agresiva en internet. En una vivienda unifamiliar es fácil instalar, pero en un piso, la máquina es solo el 40% del éxito; el otro 60% es la pericia del instalador. Hablamos de saber pasar tuberías por donde no caben, de evitar que las vibraciones pasen al vecino de abajo y de legalizar esa unidad en la fachada ante Industria. Cuando pidas presupuesto, no pidas solo precio; pide fotos de «el antes y el después» en pisos habitados. Quien sabe esconder tubos en una reforma sin que se note, sabe lo que hace.
Para maximizar el ahorro y reducir el periodo de amortización, la combinación ganadora es unir este sistema con energía solar. También puedes descubrir cómo funciona la aerotermia con placas solares en bloques de pisos.